Diseñar una experiencia sin diseñar su resultado

Actualizado: 26 sept
Este año no escribí nada en este blog.
Y quizás no sea casualidad que vuelva justamente ahora.
Desde marzo estoy llevando adelante una experiencia que me tuvo completamente inmersa en el proceso.
Se llama RE · Experiencia artística.
Cuando imaginé RE había algo que tenía muy claro: quería darle tiempo al proceso.
Tiempo de verdad.
Porque los procesos creativos no suceden de un día para otro. Necesitan hacer, detenerse, observar, dudar, volver atrás, conversar, probar otra vez.
Incluso necesitan esos momentos en los que parece que no está pasando nada.
También sabía que quería que fuera una experiencia grupal.
Todas mis formaciones lo son y cada vez estoy más convencida de que la comunidad acompaña y sostiene.
La mirada del otro, sus preguntas, sus dificultades y sus descubrimientos muchas veces terminan moviendo también nuestro propio proceso.
Por eso quise hacer RE con artistas que ya formaban parte de mi comunidad. Había un vínculo construido desde donde podíamos empezar a trabajar de otra manera y durante mucho más tiempo.
Y había algo más.
Quería que un artista que está comenzando pudiera atravesar una experiencia artística completa y llegar a exponer en una sala. Porque acceder a determinados espacios cuando uno empieza y está solo no siempre es sencillo.
Pero la exposición no podía ser un hecho aislado al final del camino.
Durante estos meses hubo encuentros, consignas y conversaciones, pero también curaduría, comunicación, diseño y audiovisual. Los artistas tuvieron que encontrar palabras para contar lo que estaban haciendo, ponerse frente a una cámara y prepararse para recibir otras miradas.
Y todo esto tuvo un desafío adicional: el proceso fue online.
Diez artistas de Argentina, México y Uruguay, trabajando a la distancia. Acompañar esos procesos implicaba mirar a través de una pantalla, escuchar relatos, hacer preguntas y confiar muchas veces en aquello que cada uno podía contar sobre su propio proceso.
Había diseñado una metodología y una estructura.
Pero una estructura no determina lo que sucede dentro de ella.
Y ahí empezó también mi propio proceso.
RE reúne artistas con recorridos muy diferentes. Una misma consigna podía abrir una pregunta enorme en alguien y llevar a otra persona hacia un lugar completamente distinto.
Creo que uno de mis mayores aprendizajes fue no confundir acompañar con llevar a alguien hacia el lugar que yo podía ver.
Podía hacer preguntas, proponer ejercicios, señalar algo que aparecía una y otra vez, abrir posibilidades. Pero había un territorio que pertenecía a cada artista.
Y eso hay que respetarlo.
El desafío era acompañar cada proceso, confiar en sus tiempos y dejar espacio para aquello que yo no podía anticipar.
Quizás ahí entendí que RE era, sobre todo, un laboratorio.
Probamos. Observamos. Conversamos. Algo se movió. Algo no. Volvimos a probar.
Desde el comienzo, RE incluía una instancia expositiva y siempre tuve claro que esa instancia tenía que hacer visible también el proceso.
No quería que al llegar a la sala todo ese recorrido desapareciera detrás de lo que finalmente íbamos a mostrar.
Quería que estuvieran también las pruebas, los bocetos, los recortes, las decisiones, los desvíos, las dudas.
Mostrar también algo del camino.
Pero durante ese camino sucedió algo que no estaba escrito en ninguna metodología.
Después de tantos meses de encontrarnos, compartir dudas, escuchar, emocionarnos y volver a encontrarnos, se fue construyendo una intimidad y una confianza que terminaron siendo parte esencial de la experiencia.
Y creo que eso fue también una de las cosas más hermosas de transitar RE.
Porque mientras cada artista hacía su propio recorrido, se fue construyendo un nosotros.
De ahí nace SOBREMESA.
Del tiempo compartido. De la conversación que se extiende, de la escucha, de la confianza, de la complicidad.
No de una mesa preparada, sino de la huella de haberla vivido.
Mientras escribo esto faltan pocos días para que SOBREMESA abra sus puertas.
Después de tantos meses alrededor de una pantalla, vamos a encontrarnos por primera vez todos juntos en Uruguay.
Vamos a ver todo lo creado durante estos meses reunido por primera vez en una misma sala. Y aquello que hasta ahora compartimos entre nosotros va a abrirse a otras miradas, otros recorridos, otras interpretaciones.
Pero también vamos a hacer algo mucho más sencillo: vamos a estar juntos.
A conversar sin una pantalla de por medio. A compartir una mesa, una caminata, una comida, una risa. A reconocernos de otra manera después de tantos meses de habernos acompañado a la distancia.
Y quizás ahí esté algo de lo que más me emociona de todo este proceso.
Cuando imaginé RE quería crear un espacio para el crecimiento artístico. Había diseñado una estructura para que eso pudiera suceder.
Lo que no podía saber de antemano era todo lo que iba a suceder en el camino: cuánto iba a aprender acompañando cada proceso y, sobre todo, el vínculo que se iba a construir entre nosotros.
Faltan pocos días.
Ahora queda encontrarnos, abrir las puertas y compartir con otros todo lo que fuimos construyendo.
Y antes incluso de que eso suceda, RE ya hizo posible algo: llegar hasta acá habiendo creado algo juntos.
SOBREMESA · Un recorrido compartido · Exposición colectiva
Apertura: jueves 1 de octubre · 19:00 h
Casona Mauá · Montevideo
Entrada gratuita
[Conocé más sobre SOBREMESA]

Me encantaría ser parte de RE. Te sigo hace años, conozco tu camino en el arte, sos una referente para mi. Comencé contigo hace muchos años en el arte abstracto. Fue un antes y después en mi vida. Te agradezco y me agradezco haberte elegido como mentora.